Cuentos

No olvides saludarla

Cuando estaba a punto de correr la cortina de su habitación, sonó su móvil.
Era Valeria, dispuesta a charlar como todas las noches, para contarle las noticias del día.
Apenas cogió el móvil, la aguda voz de su amiga se dejaba notar con gritos:
-¡¿A qué no sabes a quién vi hoy?!
-A Christian… – Se fue hasta su cama, acariciando al gato que dormía tranquilo. Un grito de emoción acuchilló su oído mientras Valeria expulsaba el chisme.
-Estaba en el cafetín y yo iba a comprarme un café y él estaba en la fila para pagar. ¡Adelante mío! – mientras escuchaba, le dio un vistazo a su habitación que merecía un poco de atención. “Después me encargo de ti”, pensó sin prestar mucha atención a Valeria. Finalmente en el recorrido, sus ojos pararon en la ventana, que con el frío de la noche, reflejaba algo – …Y cuando se iba yo ni me atreví a saludarlo… AH, ¿POR QUÉ SOY ASÍ?… Cat, ¿me estás escuchando?
-Sí, sí, Christian – contestó acercándose a su ventana – Oye Val, ¿quieres asustarte?
-Ay no, por favor, Catalina no hagas eso o te cuelgo.
Entre risas, se asomó finalmente en la ventana, mirando directamente al edificio que estaba al frente.
-¿Sabes el edificio de consultorios médicos que está aquí cerca? – le preguntó Cat. Después de escuchar un leve gruñido de afirmación por parte de su amiga, continuó – La luz del último piso, la última ventana, está encendida.
-¡Pobres médicos! Por eso no me voy a casar con uno. Están siempre trabajando.
-No, no. Bueno no sé. Nunca he llegado hasta el quinto piso. La entrada está prohibida para los demás o algo así. El punto es que nadie sabe qué hay ahí.
-Cat… por favor, son casi las dos de la madrugada. Después no puedo dormir.
Catalina se reía de su amiga. Le encantaba contarle siempre historias de terror de cualquier cosa que veía como perfecto material paranormal. ¿La casa en la que siempre se paran zamuros? De seguro ahí vive una bruja. ¿La parada de autobús que está enfrente de la casa de Val? Por las noches, una dama en blanco espera que alguien la recoja y la lleve a su boda. ¿Con qué historia le vendría esa noche a su miedosa e ingenua amiga? Ya Cat estaba pensando algo relacionado al suicidio de un niño, cuando algo se apareció en la ventana.
-¡Mierda! – gritó Cat.
-¡¿Qué?! ¿Qué? ¿Qué? – reaccionó de inmediato Valeria – Cat, por favor, no hagas eso. ¡Háblame!
-Val… Una chica se asomó por la ventana… – asombrada, se quedó mirando fijamente a la silueta de la muchacha en el cuadrado iluminado por una luz amarillenta. Parpadeó varias veces para asegurarse de que estaba viendo bien. La chica de la ventana la estaba mirando directamente a ella – Me está mirando.
-Catalina, no es gracioso – Valeria comenzaba a molestarse. Tuvo que abrazarse así misma mientras un escalofrío le colocaba la piel de gallina.
-¡Mierda! – volvió a decir, pero esta vez le siguió una risa – ¡Me está saludando! Chama qué loca.
-Cat, basta. Si es otra de tus historias no te voy a creer. Ya no.
La silueta femenina instalada en la ventana tenía levantada su mano derecha y la movía levemente de lado a lado, mientras le dedicaba una sonrisa a su espectadora de enfrente. Catalina no le devolvió el saludo, demasiado concentrada en convencer a Valeria de que no era mentira, esta vez no. Pero incluso para ella, le parecía un poco irreal lo que estaba pasando.
De pronto, en un vistazo que le dio a la puerta de su cuarto por si estaba haciendo mucho ruido con sus gritos y de casualidad había despertado a su madre,  volvió la vista hacia el edificio, y la chica estaba parada sobre el alféizar.
-¡Valeria, se va a lanzar! – gritó, y luego directo a la calle dijo: -¡No lo hagas!
-Cat, no me está gustando nada… – Valeria quería colgarle la llamada pero estaba esperando que su amiga le dijera, como siempre, “¡caíste! Es broma”.
Lo que escuchó Valeria a continuación fue el grito ahogado de Catalina, quizá por la impresión. Luego le siguió un silencio, en el que resaltaba la agitada respiración de su amiga. Valeria insistió varias veces en que le dijera qué estaba pasando, si todo estaba bien, hasta que Cat habló.
-Se tiró… Se tiró – echó un vistazo al piso – Val, no veo su cuerpo.
-¡Claro! Y ahora me vas a decir que todo era mentira.
-No, Val. En serio, no veo su cu… – hubo interferencia y entre el ruido del móvil, se escuchó un grito lejano.
-¿Cat? – preguntó Val. El grito le había parecido demasiado real. Demasiado terror contenido en solo una voz que se había confundido con la interferencia telefónica. – ¿Catalina? – pero la llamada había terminado.
Nota de la autora: Efectivamente, enfrente de mi casa hay un edificio de consultorios médicos (eh, que tengo la vida resuelta si me enfermo) y me ha pasado que hay noches, no todas, cuando me quedo hasta tarde viendo videos tontos en Youtube, noto que la luz de la última ventana del último piso está encendida. Es de un amarillo muy intenso, difícil no notarlo. No, ninguna chica se asoma. Nadie se asoma. Pareciera que el sitio está vacío porque desde afuera no se ve decoraciones ni escritorio, ni computadoras, ¡nada! La verdad es algo raro y para este cuento iba a tomarle una foto alguna de estas noches, pero se me olvidó y pues… les debo esa. ¿Y si le tomo foto y me sale alguien en la cámara? Uy no. Ya me puse a sacar mente jaja.
¡Gracias por leerme criaturitas!
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s