Personal

Y su regreso fue bonito

Morí.

La vi marcharse de la casa con sus maletas. Ni siquiera me dio explicaciones. Tampoco se molestó en darme un beso de despedida. Y ahí quedé yo, viendo cómo ella se marchaba.

Y no, no hablo del amor de mi vida.

Hablo, de hecho, quien ha hecho mi vida de un amorío eterno. Sí, ella misma, la musa. He escuchado a sus otros amantes llamarla Inspiración, pero no es más que otra ilusión. Agh, qué vulgar. ¡Qué vulgar ella al hacer tan terribles actos!

Así que ahí me quedé. ¿Qué hice después de que su silueta desapareciera detrás de la puerta? Dormir. Sí, probablemente es lo que hice. Dormir para revivir en la memoria recuerdos de nuestros tiempos juntas. Para imaginarme su regreso. Para que ella siguiera sin volver.

Llené su vacío con otros placeres terrenales. Noches en las calurosas calles de mi ciudad. Charlas pasajeras con rostros borrosos. Incluso me atreví a estar con alguien más. Pero ¡dios mío! ¿Acaso algo de eso serviría?

Ella sabe lo débil que soy. Ella juega conmigo y yo la dejo. Porque así somos nosotras. Nos aprovechamos de la otra.

Pero volvió, porque también es débil. Volvió pretendiendo que yo la recibiera de brazos abiertos, y eso hice. Y aquí estamos, juntas en esta medianoche, compartiendo un poco de la otra, conociéndonos como si fuese la primera vez.

Mi musa ha vuelto. ¿Su motivo? Me lo dijo:

-Es por junio. Junio me pone de buen humor. No lo sé, en junio todo es más bonito.

Pero pienso que no hay nada más bonito que ella.

 

 

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